Para que tú me oigas
mis palabras 
se adelgazan a veces 
como las huellas de las gaviotas en las playas. 

Collar, cascabel ebrio 
para tus manos suaves como las uvas. 

Y las miro lejanas mis palabras. 
Más que mías son tuyas. 
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras. 

Ellas trepan así por las paredes húmedas. 
Eres tú la culpable de este juego sangriento. 

Ellas están huyendo de mi guarida oscura. 
Todo lo llenas tú, todo lo llenas. 

Antes que tú poblaron la soledad que ocupas, 
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza. 

Ahora quiero que digan lo que quiero decirte 
para que tú las oigas como quiero que me oigas. 

El viento de la angustia aún las suele arrastrar. 
Huracanes de sueños aún a veces las tumban. 

Escuchas otras voces en mi voz dolorida. 
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas. 
Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme. 
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia. 

Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras. 
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas. 

Voy haciendo de todas un collar infinito 
para tus blancas manos, suaves como las uvas.



Pablo Neruda

Mis sueños me dan vueltas, no me dejan tranquila. Me mueven, me sacuden por toda la cama. El sueño me lleva, me trae, yo giro, me confundo. Calor, frío, el sueño me da vértigo, me hace murmurar. Me amasa, me aplasta, este sueño es como una marea, y yo estoy presa de su vaivén. Necesito un sueño que me sopapee. Sueños que me ataquen, que se me claven como estacas en el medio de la cama. Algo que me aferre a las sábanas, que me cierre por fin los ojos. Algo que me calle la boca, que me aquiete, que por fin me duerma. Algo que entre a mi sueño y me deje sin aliento. . .
Habrás oído hablar de mí
Y lo que es peor...
LO HABRÁS CREÍDO!