Porque aunque me quede callada,
Tenés que saber que muero por sentirte cerca.
Cerca.
Tan cerca, que asusta.
El lugar donde los sueños se cumplen.
Y no,
No es neverland.
Estaba a oscuras, cuando escuché sonidos. Me estremecía latido tras latido de tambores. La música me rodeó por completo. De repente, sentí roces que venían del suelo. Roces de manos, roces. Roces de cuerpos, roces. Intenté huir, pero no sabía hacia dónde. No veía nada. Paso a paso, el volúmen de la música incrementaba, y también los roces. Roces de piel, roces. Roces que me hacían gritar, reír, tropezar, llorar, saltar, roces. Y de pronto, un golpe seco de bombo. Y todo se detuvo. La música. Los roces. Los pasos. El miedo.
Caminé hacia quien sabe qué dirección, y me topé con alguien. No sabía quien era, seguía sin ver nada, no le hablé, no lo escuché. Simplemente lo abrazé. Otro golpe, nos asustó. Y sentí un mar de manos en mi cuerpo. Manos por todos lados. Lo tomé bién fuerte del brazo y empezé a correr. Pero al poco tiempo se hizo imposible avanzar. Nos dejamos llevar por toda esa gente que nos rodeaba. Hasta que nos dejaron. Me saqué la benda de los ojos y caí al suelo.